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El día a día de un seminarista en Salamanca Nuestra jornada comienza a las seis de la mañana. Iniciamos el día agradeciendo a Dios el don de una nueva mañana, que comienza, ofreciéndole nuestra vida y dialogando una hora con Él por medio de la oración. Culminamos este agradecimiento renovando el sacrificio Redentor en la Santa Misa.
Una vez encomendados a Dios, y por la unión con Él en la Eucaristía, comenzamos nuestro día buscando la identificación con la persona de Cristo. Dedicamos el inicio de la mañana a limpiar y ordenar nuestra casa, para que ésta sea un claro reflejo de nuestro interior. Después damos paso a la batalla diaria con la pluma y el papel, comenzamos nuestras anheladas clases y estudios del día, como cualquier estudiante universitario. Nuestra formación nos exige profundizar en las bases de la cultura grecolatina, en la retórica y la expresión escrita; así como en idiomas y nuevas tecnologías.
Por otro lado, nuestro día a día, de por sí alegre, sin duda se ve enriquecido por el intercambio cultural, ya que actualmente, en el seminario de Salamanca, convivimos vocaciones de más de diez países.
El descanso y el esparcimiento están también presentes en nuestra vida cotidiana. Durante la semana dedicamos mucho tiempo a deportes como el fútbol, el baloncesto, el tenis y la natación. Y, con frecuencia, realizamos salidas al campo, que además de hacernos recuperar energías, nos permiten sentir la grandiosa belleza de la obra de Dios. Nuestras comidas son un reflejo de nuestro modo de vida, es decir, austero pero digno y suficiente. Además de nuestras actividades habituales, cada año, sin excepción, trabajamos un mes como jornaleros en explotaciones agrícolas de terceros. Con este trabajo aprendemos a valorar el esfuerzo que requiere ganar un salario y, de este modo, también colaboramos con nuestro sostenimiento.
Realizamos un mínimo de dos años de prácticas apostólicas al servicio de la comunidad antes de ordenarnos sacerdotes. Acercándose la noche, dedicamos un tiempo especial a nuestra Madre, la Virgen María. Para ello, rezamos el rosario, nos encomendamos a su maternal protección y pedimos por las necesidades del mundo entero. Finalmente, agradecemos a Dios todos los dones con que nos ha colmado durante el día, hacemos un completo examen de conciencia y nos cobijamos bajo su amparo para seguir glorificándole durante la noche. |
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Seminario de los Legionarios de Cristo en Salamanca La formación de los sacerdotes Legionarios de Cristo Sostenimiento de los seminarios de la Legión de Cristo |
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Testimonio de un seminarista ¿Soy Feliz? Con toda sinceridad puedo afirmarlo: soy realmente feliz. Los 3 años que llevo entregando mi vida a Dios han sido los más felices de mi vida. Y la raíz de esta felicidad descansa en una certeza: sé que, en cada momento, estoy haciendo lo que Dios quiere de mí. Ésta ha sido una constante que me ha dado muchas fuerzas para poder sobrellevar todas las pruebas que Dios ha permitido en mi vida, especialmente cuando estuve cerca de la muerte, a causa de un cáncer que me diagnosticaron hace 2 años. Busco ser de una persona: de Jesucristo. Es a Él a quien sigo. Él es la razón de mi vida y sin Él no podría hacer nada. Me he visto al borde de la muerte, y en ese límite ha sido Él mi fuerza y mi sostén. Soy legionario de Cristo. porque es Dios quien me ha llamado aquí. Esta experiencia es otra gran oportunidad que Dios me da para ser el sacerdote que quiere de mí. Además en estos momentos difíciles estamos en las mejores manos en las que podemos estar, las del Papa, a través de su Delegado Pontificio en la Legión, Monseñor Velasio De Paolis.
H. Francisco Mateos, LC |
Ayuda a la formación de un seminarista y recuerda que tu aportación tendrá un efecto multiplicador cuando estas vocaciones se conviertan en santos sacerdotes.